Le precede la material obscuridad,
lunes, 17 de agosto de 2015
PARÁBOLA DEL HOMBRE INDIFERENTE
martes, 22 de enero de 2013
la randa
Presentación del libro La Randa
Una artesanía tucumana
Fue en el año 1965 que mi padre nos llevó junto a mis hermanos a los
festejos de los cuatrocientos años de la fundación de Ibatín.
Aquello tuvo lugar en un escenario imaginario o etérico ya que nada
quedaba de la ciudad virreinal salvo su
recuerdo suspendido sobre el cielo tucumano flotando sobre los retazos de selva
y los omnipresentes y ubicuos mosquitos
zumbando con voces casi inaudibles como en el pasado remoto cuando las fiebres
palúdicas diezmaban a los primeros habitantes. Yo tenía entonces nueve años.
Contrariamente al promedio del tucumano básico que según se dice no conoce sus propios
museos, yo tengo desde siempre el hábito de visitar los sitios de valor patrimonial.
Recientemente: hace un par de años, llevé a mis hijos y un sobrino para que
conocieran los restos de aquel importante punto de la historia colonial y pude
constatar que en casi medio siglo solamente se habían colocado unas pueriles
piedras pintadas delimitando los espacios antaño ocupados por el cabildo y
otras construcciones que existieron en el pasado. El lugar donde estuvo alguna
vez el árbol de la justicia y lo que ello implicaba, nos produjo honda
impresión. Una cruz de madera se yergue sobre el aire preñado de ausencias y
abandono señalando el sitio sacro donde estuvo la Catedral. Pero a pesar del indiferente abandono, me sentía
congratulado de que no se hubiera usado el predio para prácticas agrícolas como
ha ocurrido con muchos sitios de interés
históricos de nuestro país, tal como ocurrió con uno de los más
importantes yacimientos arqueológicos del NOA en el valle del Pucará en
Aconquija Catamarca, con sus restos de la cultura Alamito- Condor-Huasi infinitamente
erosionados por sucesivos paso de rastras a las que sin previo relevado
convirtieron en plantaciones de papa
semilla y para más ejemplo recordemos lo que estuvo a punto de
ocurrir con Esteco apenas tres o cuatro años atrás salvado de ser convertido en
sembradío de soja no sin escándalo.
martes, 8 de enero de 2013
EL TAO
- El tao
Nace el tiempo
Le precede la material obscuridad,El silencio incalificableEl frío absolutoEntre la nada, sólida esfera desafiando la monotoníaNo mayor que una pelota para juegosCesa el silencioAquí y ahora cesa el silencio¿El big-bang?¿El verbo?Central vocifera en infinitas direccionesVibrando ardiente y uniendo la oscuridad y la materia con cuerdas energéticasY por esa ingenuidad que llamamos movimiento perpetuoEl corazón lateLa marea se levantaY los astros iluminan cada nocheatizando los ciclos del amorJorge J. Namur
viernes, 12 de octubre de 2012
DICE MI MADRE QUE DIJERON QUE DECÍAN
lunes, 23 de abril de 2012
Solo sé lo que sé
Yerba Buena, Abril de 2012
Quien suscribe, solicita con carácter de urgente:” Cambio de nomenclatura para el género Homo sapiens”
“Solo sé que no sé nada” al decir de Sócrates
“Homo sapiens” según Linneo
Y aunque Sócrates sostendría “solo sé que no sé nada”. Y los estudiantes que le siguieron hayan elevado a máxima aquella sentencia: es posible que la pena de muerte que le valiera haya sido más de seguro por haberla proferido que por haber renegado de tantos dioses para cada artículo o por corromper a la juventud como se sostiene.
Carlos Linneo, que se ocupó de nominar lo innominado que hallara a su paso, nos apodó como de Homo sapiens, aunque sería posible que para sostener la Socrática ironía, haya querido expresar lo opuesto en un juego de paradójico sarcasmo.
¿Sabe acaso el hombre, ese primate adulterador de la naturaleza, que ella es su mentora y aliada? Con su incesante actividad la convirtió en enemiga, ignorando o desconociendo cómo funciona o despreciando lo que ocurrirá con ella y lo que es lo mismo con el hogar de todos: el planeta tierra. Buena parte de su prehistoria se ocupó de depredar y toda su historia, de expoliar, de explotar la necesaria protección vegetal para que el animal subsista; ignorando dicho sea de paso que el mundo vegetal es el productor primario y que el reino animal es el consumidor secundario, lo que es lo mismo que, de él vivimos y vinimos. Ha superpoblado el planeta extinguiendo con su accionar bosques, selvas y faunas hasta ponerlo en riesgo de extinción y no sabe ahora cual futuro le aguarda sino el de esperar un apocalipsis al que se renueva conforme la época, pero el cual, tampoco se sabe cuándo arribará.
Sintiéndose el homínido el rey de la creación, la explotó para su gracia y desgracia, amparado quizá en mal interpretadas sentencias sagradas, extinguió los tigres de Tasmania en la reciente historia y aún antes de poseer escritura ya había extinguido a los mastodontes o al perezoso gigante.
Y si tan poco sabemos, si hasta los hay que dudan ser hombres, llamándonos humanoides, también es visible que hasta hoy se discute si acaso es carnívoro, y conste que un animal considerado menos inteligente como por ejemplo el león, no dudaría de cómo saciar su apetito.
O Frugívoros, ninguna ardilla cambiaría su nuez por un buen bife. O un omnívoros, tal es el caso de la cucaracha, a la que algunos pretenden asimilarnos y sino para prueba leer La Metamorfosis de Kafka .
Si de la ardilla se tratara, jamás renunciaría a los árboles ni aunque fuera por una casa en un country, en medio de la naturaleza más prodigiosa. Si fuera un escarabajo no renunciaría a su bola de estiércol por convertirse en humano y entre ellos no hay lugar para un Kafka.
Parece inútil seguir enumerando la infinita galería, que conforman las opuestas contradicciones por las que naufragamos, en mar a la deriva de ejemplos dicotómicos rumbo a ninguna meta.
Sapiens por saber vendría siendo entonces un descomunal error, una absoluta falsía. Hasta un capital pecado de soberbia o arrogancia.
Algo resulta visible y seguro del humano: son los que menos saben sobre sí mismos.
Conócete a ti mismo, rezaba en la puerta del oráculo de Delfos.
Y conocerás a los dioses.
¿Están los dioses en el interior de uno mismo? Es lo que parecería deducirse de ello.
¿Acaso somos dioses?
Muchos dicen saber que sí, que como parte del todo, somos divinos por dentro y por fuera, como diría Whitman, agregando también y esta cabeza mía vale más que todos los credos, iglesias y religiones. Otros descalifican estas creencias negando todo aquello que no podemos dimensionar o cuantificar. Como si de balanzas y microscopios se tratara, relegando la existencia de otras dimensiones a puras especulaciones filosóficas o metafísicas.
Y es que si no somos dioses, Él tampoco existiría. Porque si lo es todo, somos una parte de ese todo y ergo somos Dios. Obviamente que no tan dioses como lo es el todo pero si divinos al ser parte del todo.
Por ello es que declaro sin ninguna solemnidad pero apremiado por los tiempos difíciles que vivimos: Homo que no sapiens por los resultados.
Por ello, en base a la innumerables pruebas que sería posible reunir de proponerse el caso y a las que por no volver un infinito tratado este sencillo pedido y conocedor también de lo perezoso que resulta el humano para la lectura, es que solicito se dé curso a la posibilidad de rever el nombre de la especie por otro más cercano en cuanto a su enunciado respecto a la pruebas expuestas, por tanto propongo como alternativa para salvar el caso una nueva nomenclatura en lo que sin restarle nada a la anterior y muy por el contrario se le añada: “que no sapiens” quedando de tal manera como:” Homo sapiens que no sapiens” , honrando a Sócrates, tan mal pago por su generación, derribando además la efímera idea de que fuéramos sabedores de algo.
Homo sapiens que no sapiens, gracias si me hacéis caso, usemos por una vez la virtud de la humildad que anida en ese Dios intangible que todos somos en nuestro ser esencial y terminemos de una buena vez por sentirnos los dueños de un mundo al que tenemos en agonía gracias al ego que nos asfixia cada día.
Jorge j. Namur
lunes, 15 de noviembre de 2010
plantar un árbol, tener un hijo, escribir un libro
O sobre
“plantar un árbol, tener un hijo, escribir un libro”,
¿paradigmas superados?
Gea fue primera.
De su conjunción con la niebla emergió lo vegetal.
Más tarde el animal.
¿Según la mitología pagana?
Superada la teoría de la generación espontánea, que desde la antigüedad permitió explicar en parte el origen de la vida a sabios como Platón o Aristóteles, incluso hasta el siglo XVII, cuando van Helmont aún sostenía que las ratas y otros seres proceden de la tierra y de la basura. Desde Pasteur en adelante, se pudo comprobar que la vida siempre procede de la vida, lo que llevó a los sabios de estos últimos siglos a pensar que el origen de la vida se debía a especiales condiciones que reinaron en el planeta in illo tempore, aunque recientes descubrimientos, realizados en las profundidades de las fosas abisales del Pacífico, permiten comprobar que la vida se genera aún hoy (en forma de moléculas orgánicas) a presiones y temperaturas en las que se creía no podía existir la misma
“Toda la vida animal, en último término, depende de los vegetales. Si no existieran las plantas, no podría haber tampoco vida animal en el mundo”, dice E. Strasburger en su Tratado de Botánica.
Por la misma época el escritor José Martí, según versa en Wikipedia, decía esto de “plantar un árbol, tener un hijo, escribir un libro”, aunque otra ¿confundida? escritora atribuye a Confucio la peregrina idea para acrecentar la natural confusión, valga la cacofónica similitud, ¿dice la frase? : “ser hombre significa plantar un árbol, tener un hijo, escribir un libro”. Aunque opino esto sería por aquella época de fines del siglo XIX cuando aún nada se sabía del calentamiento global, la amenaza de superpoblación o de la desaparición de las áreas de bosques y selvas naturales, o de las facilidades contemporáneas para publicar un libro.
Al respecto, Samuel Schkolnick dice en su relato “No escribas”, del libro Parker 51 (Tucumán, 2010), que si cada habitante del planeta hiciera caso de la frase que reza esto y publicara un libro, y él lo hizo, y no uno, ni dos, sino que tres, e incluso teniendo en cuenta los escritos en colaboración, serían muchos más: tales volúmenes (los libros producidos por el caudal íntegro de seres humanos vivientes) puestos uno sobre otro harían la mitad del camino a la luna etcétera, para llegar finalmente a concluir que el número vuelve imposible su lectura por lo que finaliza recomendando ni escribir. Sabio como es (y ya lo preconizaba Genie Valentié por la década del ochenta) maestro y doctor en filosofía, su recomendación resulta más que acertada. Se puede aumentar la insuficiencia del arte pensando que en realidad los más grandes escritores son memorables no por todas sus innumerables páginas sino que solo por algunas cuantas.
De ello deducimos que son muchas las páginas para el olvido y pocas las del recuerdo. O a veces mejor ni recordar la mayor parte de esas páginas.
Abandonemos aquí a Shkolnick y analicemos a los congéneres del filósofo.
Sería bueno reformular ahora y a la luz de estas ideas y las que la ciencia nos dio, estos postulados y decir que Ser hombre hoy sería: plantar al menos un árbol cada día, o aunque más no fuera uno cada semana, aunque el solo hecho de plantarlos no basta sino también sería menester cuidarlos hasta que lleguen a ser lo que su potencial genético les signa: a diario se ven tantos árboles destruidos en las aceras por la acción de los indolentes que resulta evidente que la buena intención no alcanza. Se sabe también de aquellos que talan indiscriminadamente bosques, montes y selvas, aunque a éstos no los veamos, la única manera de subsanar en parte el daño sería éste. Y aquí debemos hacer una aclaración sobre un error muy frecuente: se siembran las semillas, se plantan las plantas, por lo que, si hablamos de plantar es obvio que antes la hemos sembrado y cuidado hasta que llegó a ser un pequeño árbol al que podremos plantar en el sitio adecuado: ellos trabajarán para nosotros secuestrando dióxido de la atmósfera con el que elaboran hidratos de carbono o maderas, disipando además el inclemente calor solar con su sombra y devolviendo al aire el imprescindible oxígeno, sin embargo, por ello debe pagar con su vida cuando solo nos ofrece beneficios, dado que encontró en el hombre un socio demasiado agresivo para realizar con él su simbiosis o su mutualismo.
En cuanto a tener un hijo, hasta dos serían posibles por pareja, sin que pase el hombre a convertirse en una amenaza contra sí mismo, lo de paso sea dicho ha venido ocurriendo sin ninguna solución planteada sobre tablas más que la que pergeña mentes pérfidas de mandarlos a morir en batallas o presas de enfermedades devastadoras o en desastres ambientales. Sin embargo se ve tanta gente dispuesta a multiplicarse: Se encuentran también tantos hijos abandonados que a esa máxima debiera aumentársele la aclaración: educarlo en el amor a la naturaleza para llegue a ser un guardián de ella y no otro enemigo dispuesto a explotarla hasta las últimas consecuencias.
Todo esto nos retrotrae al principio de los tiempos, y es bueno recordar que el reino vegetal es el hacedor primario, el productor de todas las formas de energía salvo aquellas contenidas en los minerales, también aprovechables, no sin escándalo. Son los vegetales los generadores de la atmósfera que envuelve al planeta, formada a través de eones: fruto de su respiración y del balance positivo entre el dióxido secuestrado a favor del oxígeno generado imprescindible para la aparición del tercer reino: el animal. ¿Cuarto reino, quizá? si tenemos en cuenta el Fungi apartado ya del vegetal, aunque aún queda por resolver la incógnita planteada por la existencia de los virus, y ni mencionemos las bacterias.
Y respecto a escribir el libro ¿cometerlo, dirían algunos? Se escriben tantos libros fútiles que apena pensar que tendrán la muerte del papel picado con el consiguiente doble daño: haber privado al medio ambiente del árbol que liberaría oxígeno cuando se lo taló para hacer pulpa de papel con el triste final de liberar más dióxido cuando se lo queme por ser un libro inservible.
Pero pensándolo tranquilamente: ser hombre es ser un animal consumidor que con su sola subsistencia va minando el equilibrio de la naturaleza, alterando el paisaje y la geografía: respirar genera de por sí gases nocivos, de tal suerte que ése sería el original pecado que sabiamente señalan las sagradas escrituras.
Reformulada entonces la popular y colectiva creencia, ser hombre sería: plantar un árbol cada día y cuidarlo hasta que su tronco resista el embate del viento del verano; tener hasta dos hijos sin abandonarlos, educándolos amorosamente hasta que puedan ganarse su merecido sustento; y, respecto a escribir, hazlo siempre y cuando sea un buen libro: dotado de originalidad, concisión y armonía. De lo contrario mejor, como el maestro nos lo ha dicho: “ni escribas”, y nadie debiera entonces recriminarte nada, hasta sería posible pensar, finalizado tu ciclo, que fuiste sin pecado concebido.
Sin pretender ser un eclesiástico, ¿sería acaso exagerado agregar que el resto es vanidad de vanidades?
O decir, se es hombre a partir del momento que se hace conciencia que su sola presencia adultera el balance energético entre productores y consumidores en Gea.
Gea fue primera.
De su respiración emergió el vegetal.
De la silente respiración vegetal emergió el animal.
De entre ellos surgió evolutivamente el hombre.
Más ¿De dónde viene Samuel?
Hasta de dónde viene el mismo González. Y en qué café reirán conversando sobre aquellas cartas que le mandaba en otros tiempos, cargadas de una sutil ironía desestructurando todo aquello que aceptamos como vistas, pesadas y medidas aunque solo valen como palabras y plumas el viento las tumba.
Me gratifica sospechar que esta etapa de la humana evolución a la que pertenecemos será juzgada no por mí, ni por ti, sino por él, quien nunca creyó a pies juntillas en los dicen que dijeron que decían, él entre tantos crédulos.
Resumiré diciendo de él: fue árbol, hijo y ahora es libro, así visto, es tiempo ahora de gozarlo en la lectura.
Jorge Namur, Noviembre de 2010
domingo, 11 de julio de 2010
Golem literati
Además, ni mientes que el número de consumidores literarios vaya a incidir en el rumbo de los acontecimientos: Hoy por hoy muy pocos leen y los que lo hacen, ni suman a la hora del recuento de votos. Y esa especie de analfabetismo funcional de gente que no intelectualiza lo leído, simple y llanamente por ” falta de ejercicio” es una de las precisas razones del extravío que lleva al mundo a la deriva: Nos dirigen los versados, más preciso sería llamarlos impostores, que en nada recuerdan a los sabios de antaño, cuyas efigies erosionaba el cultivo de las virtudes.
Así tranquila mi conciencia, diga lo diga... nunca cundirá el pánico por la noticia, como ocurrió con la muerte del rey del Pop o con las borracheras y extravíos de Britney pero sin más circunloquios y sirva de muestra lo antedicho para corroborar lo que se dirá a posteriori que es la verdad, declaro: ¡No Existo!, Perdón, literariamente hablando, de lo contrario sería imposible que estuviera comunicando todo lo que voy a contar: Efectivamente soy un invento que pergeñaron dos escritores para que ocupara un sitial privilegiado en la literatura aunque sólo por recomendaciones: El viejo Octavio, original culpable de esta ficción, quien componiendo sincera y largamente ensayada mirada soñadora, acostumbra a referirse a mí recordándome como un niño con su teatro de títeres a cuestas, muchos elaborados con papel maché, para los que improvisaba mis propias historias: sensiblerías de maestro rural, o le habrá gustado la función de ese día, pero sospecho que por entonces se le ocurrió eso de que yo sería escritor: invitado por él hice mi primer taller literario en la adolescencia y cuando ameritó que ya era tiempo, por su encomienda pasé a manos de otra de mis creadoras, cómplice necesaria aunque sospecho que ella sentirá alivio en su conciencia pensando en la figura del “arrepentido”. Ella es quizá la mayor responsable de la pública estafa que en apariencia no tiene sanción legal: ella, Doña Alba, viciosa ficcionista, que, simétricamente con el viejo Octavio, repite un poco en sorna, que mi cuento ”Nieblas “ es uno de los más densos de la literatura universal, algo difícil de explicar por su sustancia tan leve como lo es el vapor, pero es que con estas menudencias ríen a expensas del crédulo público pero al margen de esta perorata o elucubraciones para distraer como el tero gritando por un lado, mientras los huevos están en otro, es verdad que soy simplemente una elucubración literaria de ambos y los denuncio harto ya de sostener esta mentira y por acaso comenzarán a entenderme si ven mi incapacidad de urdir la más simple historia: ¿ quién osaría usurpar un sitial en semejante escenario durante tantos años? la candorosa inocencia de la gente se lleva sin esfuerzo buena parte de estas razones y es a ojos visto, por los resultados electorales y los gobernantes que eligen, obvio que no disciernen gran cosa. Pero respecto a estos dos cínicos que hicieron de mi un golem literario, ellos sonríen con misteriosa sonrisa de Gioconda, propia de los que algo ocultan y divertidos por burlar otra vez más al incauto lector con un ingenio que a la postre debería ser develado, o permanecer en cripta hasta el fin de los tiempos-
Otra versión posible sería que la única culpable es Alba, ya que hasta el mismo Octavio nació de su galera: se sabe que otras escritoras usaron galeras, en este momento alcanzo a rememorar los nombres de George Sand y de Daniell Stend o Stenrz, o como haya sido, aunque aquellas galeras fueran para esconder el sexo ya que por entonces se sentían discriminadas, en cambio la de Alba es una galera de mago o de ocultista, ciencia en la que es versada y si quieren pruebas escritas lean el listado de sus publicaciones y comenzaran a dilucidar por los nombres a que me refiero, verbi gratia “ De lo Demoníaco” nombre que vuelve innecesario cualquier comentario o “ Los Problemas del Mal”, título ostensiblemente demoníaco o “Los Mitos del Agua”, ostensiblemente paganos, hasta otros plagados de infantil inocencia cual Alicia en el país de las Maravillas escondiendo una demoníaca identidad, verbi gratia “Los Otros Ojos” o “Por el Tobogán del Arco Iris”, Etcétera. Tras haber referido pruebas testimoniales orales y escritas que hasta están colgadas en Internet y sería superfluo pedir una sesión pública de la misma para acceder a cualesquiera de sus muchas páginas que recorren el mundo atrapando en sus redes incautos distraídos paso a contar la gestación del cuento por ellos cometido como la pérfida Alba refiere al comentar algunas obras. A esta obra cumbre sin dubitaciones titularía Golem literati iniciati.
Como ella misma repite sin cansancio, todo buen cuento debe contar con una Introducción, un nudo y un desenlace o fin. Notarán en la siguiente narración la aparición de los tres elementos por ella sostenidos como imprescindibles en todo buen cuento.
La Introducción
Ubicación espacio temporal.
“ En el principio de los tiempos de Don Octavio como escritor, época en la era un simple ciudadano aunque no tan común, ya que aspiraba a ser escriba público, época en la que el difunto esposo de Doña Alba era director de un abstracto Ente Cultural de la provincia
(Aunque hay visos de realidad es preciso aclarar que ese tiempo espacio es utópico. Además la expresión ente nos circunscribe también al vacío existencial.)
El Nudo
Kafkiano
y estaba a punto de declarar desierto un concurso bienal de literatura por falta de acuerdo entre los miembros del jurado, a lo que a su juego la llamaron pidiéndole que laudara o al menos leyera las obras de los participantes para ayudar a dilucidar si alguno ameritaba el premio. Tras la lectura Alba dice descubrir uno y así saltó a la bien merecida fama que más tarde se ocupó de cimentar el propio Octavio. Tiempo después el viejo le llevó mis trabajos, los que rechazó de entrada, es cierto también que tiene sus veleidades. El viejo insiste. La natural coquetería de Doña Alba la doblega una vez más y con la misma pasión de quien va a tomarse una purga termina aceptándome como aprendiz de escritor, ¿ aprendiz de brujo? . En esto hago mención a dichos por ella cuando me tomó confianza, en especies de revelaciones o confesiones respecto a como me recibió.
El Fin
Sorprendente e inesperado
Seguramente consciente ya de mi ineptitud, imaginó la estafa y vaya uno a saber en qué conciliábulo acordaron con el viejo la artimaña para aumentar la infinita confusión, ya de por sí imperante en nuestro cosmos, con tamaño fraude. No es novedad este divertimento de los intelectuales: Borges y Bioy Casares compusieron un tal Bustos Domec que por ratos supera a ambos, por lo menos en lo que a buen humor e ironía se refiere y por lo que averiguar pude, muchos otros jugaron estos acertijos aunque este, que me concierne es inadmisible y los desenmascaro ya y de una buena vez y para siempre: Alba y Octavio culpables, claro que detrás de “cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia “ se esconde la impunidad de uno de los más perversos delitos que aquilata la soberbia humana en la intención de emular a Dios: “ Crear un ser, una entidad etérica pero entidad al fin, una creatura, o una criatura”
Lo anteriormente dicho es el cuento y su gesta, pero lo que sigue es la realidad: ese par de perversos confiaron inocentemente en que yo, vencido por la vanidad nunca hablaría, además teníamos de agravante el “cómplice necesario” aunque tanto se ampararon en la cláusula “cualquier parecido es pura coincidencia”, tanto va el búcaro a la fuente que… finalmente la olvidaron, por lo que nunca imaginaron que treinta y tres años después me les volviera en contra diciendole al mundo " yo soy el Golem literati".
Jorge Namur, Aconquija Catamarca, verano de 2010
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